domingo, 5 de junio de 2016

VI. Recuerdos.

Un recuerdo de su pelo alborotado al compás del viento, mientras se asomaba por la mañana a la ventana mientras yo despertaba. El olor a café, tostadas recién echas y el sonido de su voz dándome los buenos días, contándonos las cosas que haríamos y despidiéndonos con un largo beso, ese que tendría que permanecer conmigo hasta que llegase la tarde y volviésemos a vernos. Y su casa, esa que recuerdo como si hubiera estado años viviendo, con esas largas escaleras que me acompañaban hasta el cielo entre sus piernas. Y sus manías, su orden y su perfección que tanto me molestaba y que tanto me gustaba de ella. Y es que hay amores que cuestan de olvidar, que dejan un sabor agridulce y sensaciones que se quedan marcadas en la piel. Marcadas, como un tatuaje que ya no se puede borrar.